A Bonifacio le encanta el transporte público, aunque para moverse tres kilómetros dentro de su ciudad elija, muchas veces, el coche. Las historias y las anécdotas que le suceden sobre un autobús, de no sé cuántas ruedas, son inmejorables. A Bonifacio le gusta hacer de copiloto y sentarse en los primeros asientos dispuesto a no perder detalle de la vida a través del enorme parabrisas.
El otro día Bonifacio discutió, amablemente, con un conductor, el cual se encontraba a punto de la jubilación. El conductor parecía tener mucha prisa pues, cada vez que se montaba un anciano, o anciana, arrancaba y aceleraba sin esperar que éste o ésta tomara asiento. Bonifacio ha salvado la vida esta semana a siete adorables vejetes. Pero lo que Bonifacio no sabe es que los pasajeros de aquella linea comienzan a conocerle como Bonifacio, "el sujetador".


